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January 6th, 2012

January 06, 1992

The millennial rite is bound up with the children of the 21st century. Everyone, even the poorest, receives their gift, and every year, the magic of the Three Kings descends, reflecting their Eternal Truth, one of the loveliest of messages, a song to birth, purity, and Love of humanity.

The prophet’s birth is present in every birth because each and every one of us carry within us a luminous particle of Love for life. Sure, it doesn’t grow. It’s held back like some great treasure we forget about over the years, and dies.

Love sends its messages in legendary rites that we perform superficially.

Love is reborn. It can conquer time.

It doesn’t die. It is manifest. Constant. Universal. Eternal.

The celestial web that crosses the bounds of the mortal summons us constantly.

My body forgets its aches and pains. I close my eyes. A soft breeze caresses my skin. I ascend, and am lost on the horizon. I’m a tiny dot far, far away. My body feels the reflections of Eternity, I’m not alone, I’m part of the ‘Celestial Fabric.’ The sensation glorifies me. I receive so much!

“Nirvana! Awaken!”

an Angel whispers to me,

“You cannot sleep on.

Your body and your bones must walk the earth.

You are meant to feel,

to listen, to hear the words,

to slowly discover them.

Do not despair!

Go on.”

The Angel holds back my hand, and he says to me in his language:

“You already have the right words!

Soft now.

We have so much time!”

I am glorified in this reflection enfolding my consciousness. Let us glorify God who dwells in every man. Let us humanize God in each and every one of us.

Long and hard I contemplate people in their most varied forms. I detach myself from their stimuli, their ideals, from their comings and goings, the endless turns that mark their routines. I penetrate their fears. I waste no time on their social rites. I’m reflected in their Eternal particles, and I set up a silent encounter, bringing us close to Nirvana.

My Angels smile at me with their light, stimulating my senses, and whisper to me again:

“No words, no doctrines.

It is not necessary to speak,

nor to resort to any rite.”

Diaries of an Alchemical Woman

LIONE & CROFT

Enero 6, 1992

El rito milenario se mezcla con los niños del siglo 21. Todos, hasta los más pobres, reciben su regalo y la magia de los Reyes Magos, cada año desciende reflejando su Verdad Eterna, uno de los mensajes más bellos, un canto al nacimiento, a la pureza, al Amor a la humanidad.

El nacimiento del profeta se hace presente en cada nacimiento, porque cada uno de nosotros traemos una partícula luminosa de Amor a la vida. Indudablemente no crece, queda detenida como un gran tesoro, que lentamente vamos olvidando y muere.

El Amor envía sus mensajes en ritos legendarios, que cumplimos superficialmente.

El Amor renace, puede al tiempo.

No muere, es una manifestación permanente. Universal. Eterna.

La trama celestial que cruza la frontera de lo perecedero nos convoca permanentemente.

Mi cuerpo se olvida de sus dolores, cierro los ojos, una brisa suave acaricia mi piel, me elevo y me pierdo en el horizonte; soy un puntito lejos, muy lejos, mi cuerpo siente los reflejos de la Eternidad, no estoy sola, soy parte de la “Trama Celestial”. Me glorifica esta sensación. ¡Es tanto lo que recibo!

“El Nirvana! Despierta! –

Me susurra un Ángel

No puedes quedarte dormida,

tu cuerpo y tus huesos deben caminar por la tierra,

te toca a vos sentir,

escuchar, oír las palabras,

descubrirlas lentamente.

¡No te desesperes!

Continua.”

El Ángel retiene mi mano y en su lenguaje me dice:

“¡Las palabras justas ya están con vos!

¡Tranquila,

tenemos tanto tiempo!”

Me glorifico en este reflejo que abarca mi conciencia, glorifiquemos a Dios que habita en cada hombre. Humanicemos a Dios en cada uno de nosotros.

Contemplo largamente a la gente en sus formas más variadas, me desengancho de sus estímulos, sus ideales, de sus idas y venidas, de sus giros incesantes que marcan su rutina. Atravieso sus miedos, no pierdo tiempo en sus ritos sociales, me reflejo en sus partículas Eternas y genero un encuentro silencioso que nos acerca al Nirvana.

Mis Ángeles me sonríen con su luz estimulando mis sentidos y vuelven a susurrarme:

“Sin palabras, sin doctrinas,

no es necesario hablar,

ni recurrir a ningún rito.”

Diario de una Mujer Alquimica

LIONE & CROFT