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January 8th, 2012

January 08, 1992

Nothing is unjust. Nothing is good or bad. Life is movement. The margin of possibilities corresponding to a just action starts here, with us. We are always solely responsible for all our actions.

If we sow potatoes, we reap potatoes.

Every trace we leave will come back to us, and generate the intention we mark in it.

It’s so simple that we always degenerate the course of this process.

A process that degenerates farther and farther, contaminated by our desires, by our lack of faith and love.

Human omnipotence alters our course, and we always pay the exact price for absolutely everything. Yet we’re always looking for someone to pay for our mistakes.

We can’t be humble, and we don’t want to make the effort. What’s more, we can’t force the learning process, which involves looking at ourselves in our earthly dimension, and to become aware of the finite and the immortal in the light of so much testimony. Instead, we cling like crazy to the will-o-the-wisp of life, trying to forget what we’ve always known from our very origins: that upright conduct elevates us to Eternity –an invisible path offering us no written guarantees.

Our faith and love aren’t enough, and we deny ourselves for the rest of our lives this glorious opportunity to live.

We’re born wise, but are ever tempered in repeated ignorance.

Without interference, my hand stops, and I ascend to the silent song of the Angels who elevate me from my human condition. I half-close my eyes. I know I must never question myself again because my human side will doubt its sanity. An infinite peace is reflected in my body.

Reflection summons the divine spirit and love in me.

We’re all where we’re meant to be. Let us summon our Eternal reflection.

My eldest daughter calls me up. Her voice summons my presence across the distance, with all my love to strengthen her on her path. Humbly, without instructing, I ask my Angels to guard and guide her steps, exercising their just power. I close my eyes and picture her in my mind’s eye. Wordlessly I join with her, and starkly we stand together under the Eternal reflection bathing us in its golden light.

Diaries of an Alchemical Woman

LIONE & CROFT

January 8, 1992

Nada es injusto, ni bueno ni malo, la vida es movimiento y con nosotros nace el margen de posibilidades que corresponden a una justa acción y siempre seremos responsables absolutamente de todas nuestras acciones.

Si sembramos papas cosecharemos papas,.

Todo rastro que dejamos nos será devuelto y generará la intención que marcamos en él.

Es tan simple, que siempre degeneramos el curso de este proceso.

Proceso que se degenera más y más contaminado por nuestros deseos, por nuestra falta de fe, de amor.

La omnipotencia humana nos desvía y siempre pagamos el precio justo, de absolutamente todo pero siempre andamos buscando quien deba pagar nuestros errores.

No podemos ser humildes, ni queremos tratar de serlo y es más, no podemos esforzarnos al aprendizaje que implica ver, mirarnos en nuestro margen terrenal y darnos cuenta ante tantos testimonios de lo finito y de lo imperecedero. En cambio  nos aferramos como locos al fuego fatuo de la vida queriendo olvidar lo que sabemos desde nuestros orígenes: que el recto proceder nos eleva a la Eternidad. Senda invisible que no nos ofrece garantías escritas.

No nos basta nuestra fe y el amor y nos negamos una primera vez y todas las que nos restan a esta gloriosa oportunidad de vivir.

Nacemos sabios, pero siempre nos templamos en la ignorancia repetida.

Sin interferencia mi mano se detiene y me elevo al silencioso canto de los Ángeles que me elevan  de mi condición humana, entorno mis ojos, se que no debo preguntarme nunca más porque mi parte humana dudará de su cordura. Una paz infinita se refleja en mi cuerpo.

La reflexión convoca en mí al espíritu divino.

Todos estamos donde debemos estar. Convoquemos nuestro reflejo Eterno.

Mi hija mayor me llama por teléfono, en la distancia su voz convoca mi presencia, con todo mi amor para fortalecerla en su sendero, humildemente sin indicaciones, le ruego a mis Ángeles fortalezcan y guíen sus pasos, ejerciendo su justo poder. Cierro mis ojos, voy al encuentro de su imagen, me uno a ella sin palabras, descarnadas, juntas bajo el reflejo Eterno que nos baña con su luz dorada.

Diaries of an Alchemical Woman

LIONE & CROFT