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January 15th, 2012

January 15, 1992

I’m halfway through our vacations. I feel as tired as if I’d been halfway around the world and back.

I’m sitting at a window, a little alarmed at the speed of the sea wind. It must be at least Force 10. Its shrill whistle makes me retreat to the distant corners of my ancestry, my highly complex ancestry snapping at my heels. I need my Angels’ wings to send it away.

No little birdie is bold enough to take to the wing.

The lament of time wails on. The wind sings its sunless nostalgia.

My life creeps on down the path of everyday existence.

This path I trace with my hands, my fantasies. Faith pushes me on, enfolds me from the origins of being. It’s my watermark. FAITH AND LOVE are the arrows pointing the way, driving me on down the road.

I know the Angels have been around me since I was conceived, sending me messages through the umbilical cord, gestating me, shaping me from my first heartbeat in my mother’s belly. They manifested themselves to me aged six, when in my desperation not to go to school, I stopped on the way, cradled in the treetops of a great eucalyptus wood. Alone with the grazing cows and the birds singing to life, I hid from the other children, turned my back to the alphabet. Shooed away like a rabid dog, I’d plunge into the woods, and make contact with the sublime presences that gradually manifested themselves to me in all their forms and iridescence. In that place, I took shape, and was part of every Angelical convention. I surrendered meekly, finding myself in the beating of their wings, their whisperings.

It isn’t easy. It isn’t even necessary to explain in such depth, but my Angels insist, and as ever, I defer to Them. I feel my way as I go, step by step. Words upon words make up these writings. They have no literary or prophetic meaning.

Without whys or wherefores, let’s play an infinite game of ring-a-ring o’ roses.

The dream of life we’re dealt.

Diaries of an Alchemical Woman

LIONE & CROFT


Enero 15, 1992

He recorrido la mitad de nuestras vacaciones, me siento tan cansada como si hubiera recorrido medio mundo.

Estoy sentada atrás de una ventana, un poco asustada de la velocidad de este viento marino, sin exagerar 80 Km. por hora o quizás más, este zumbido me repliega a los confines de mi estirpe. Estirpe bastante compleja que me muerde los talones y necesito las alas de mis Ángeles para espantarla.

Ningún pajarito se atreve a desplegar su vuelo.

El tiempo continúa su lamento, el viento canta su nostalgia  de un día sin sol.

Mi vida se desliza sigilosamente por el sendero de la cotidianidad.

Sendero que voy trazando con mis manos, con mis fantasías, la fe me empuja me abarca desde los orígenes, es mi marca en el orillo. FE y AMOR son las flechas indicadoras en  mi sendero, impulsándome al camino.

Los Ángeles y yo, se que me rondaban desde mis orígenes, enviándome mensajes por el cordón umbilical, gestándome, marcándome desde mi primer latido en el vientre de mi madre. Se me hicieron presentes a los seis años, cuando en mi desesperación por no ir a la escuela, me quedaba en el camino, enredada en la copa de los árboles de un gran monte de eucaliptos. Sola con las vacas que pastaban y los pajaritos que le cantaban a la vida, yo me escondía de los demás niños, me negaba al abecedario, espantada como un perro rabioso y me introducía al monte, contactándome con las sublimes presencias que lentamente se me hacían presentes en todas sus formas con colores iridiscentes. En ese lugar yo cobraba forma, era parte de toda convención Angelical. Me entregué mansamente, reconociéndome en el batir de sus alas, sus susurros.

No es fácil, ni siquiera importa tanta explicación, pero mis Ángeles insisten, como siempre yo me remito a Ellos. Me abro camino paso a paso, palabras más palabras suman estos escritos que no tienen un sentido literario o profético.

Sin por qué ni para qué juguemos a la ronda del nunca acabar.

La vida que nos toca soñar.

Diario de una Mujer Alquímica

LIONE & CROFT